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el niño cuenta: al costado
del caldén, un hombre con una escopeta
vencida en las rodillas
las rodillas del hombre son dos
lamparones tapados que la escopeta
guía. un pájaro tierno, emblanquecido de sombra, reposa
en la cima
el niño cuenta que el pájaro tierno es el sombrero ruso
de un hombre vencido aunque a lo alto
el hombre, sus ojos se astillaron por una nube,
rasgada su cuerpo blanco
como vestido desigual. un lanzazo de sol
no pudo retener, en su estómago como
gris, pedrusco. no pudo
una convulsión
una tos seca — conmovió la siesta tibia de las hojas
el pájaro pardo blanco salió disparado al cielo blanco
una mácula sensible al cielo
un blanco abierto errado al disparo
el niño contó de un hombre vencido, de espalda a un caldén,
que disparaba pájaros blancos tiernos vivos al cielo
que los pájaros refulgían blancos
que hacían estremecer las nubes
que ese día no —y no— iba a atardecer — esto dijo el niño
y no atardeció, efectivamente
un pájaro blanco tiernamente
fijó de un solo golpe toda la tarde.

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3 / laura estrin / charla mayo – 2014

Me dicen que hable sobre sobre la producción de crítica literaria (“cómo llegaste a eso, qué problemáticas existen, cuáles son los desafíos, cómo te forma o no la carrera para eso, lo que quieras”)

“Sin apego a la verdad –dice Todorov citando a Sócrates en Las morales de la historia-, no hay, nunca podrá haber, un arte de hablar auténtico. Para hablar verdaderamente bien, hay que volverse sabio, pero cuando uno se vuelve así, ya no se preocupa más por gustar a sus interlocutores”.  

El que avisa también es traidor

 En la Facultad de mediados de los 80, bajo el imperio del postestructuralismo nos dijeron que la literatura era inútil. Era el momento en que todavía había que ser alguien comprometido. Yo nunca me había preguntado de qué iba a trabajar, había elegido estudiar Filosofía y Letras sin saber qué era eso, me gustaba solamente leer y escribir. Cuando terminé fui unos años Profesora de Lengua en secundarios y fui bastante infeliz. Pero hace 22 que doy clases acá y entre los alumnos soy casi feliz porque me piden listas de autores para leer, porque quieren escuchar una clase aunque sea semana de parciales (como ahora)… “Cuidate del alumnismo” –me dijo una profesora que dejó y la dejaron de este lugar hace ya casi 10 años… y era una de las mejores.

 Una vez me gritaron en una reunión de Seminario de Cátedra que no formábamos escritores sino críticos. Ahora vivimos una era en que todos son editores, todos traducen. Cuando estudiaba todos escribían, por eso decía Nicolás Rosa: “todos Uds. escriben, tienen el poemita ahí, en el bolsillo… pero por favor ¡no me lo muestren!!!”.

 No creo en proyectos de vidas, se hace lo que se puede y ~como le digo a mi hija~ se puede muy poco. Armé una editorial en la debacle del 2000, ahora desperdigo los libros que quiero ver hechos en donde los agarren, trabajo en general de onda (una alumna amiga me preguntó si me pagaban esta charla)…

 Cuando digo que Universidad, Periodismo y Mundo Editorial coinciden, es decir que hoy tienen los mismos firmantes, los mismos nombres, se enojan todos: universitarios, periodistas y editores.

 Los que están afuera de la universidad y quieren entrar, los que están adentro y su voluntad de ceguera los hace lectores de sólo lo que alguna vez leyeron. Repito desde hace unos años a Hugo Savino que dice que hay muchos que creen que les gusta la literatura pero les gusta otra cosa, tal como hay otros que claman por la historia pero luego no la soportan. Siempre hubo un programa de eliminación de testigos y siempre esto fue un campo de batalla.

 La Facultad de Letras hoy me parece que cambia sus ideales formativos: muere el imposible goce de los finales de los 80, la tragedia romántica que algunos de mis maestros repartieron desparejo. Quedan pocos apasionados y son tenidos por arbitrarios, caprichosos, prejuiciosos (Viñas en Literatura Argentina y Realidad Política dice: “no soy mucho más que prejuicios y voy a comenzar a explicarme”).

 Hoy me dicen que la corte con esto, con ser la viuda de algo que nunca fue del todo, estudiar en los 80 tenía su riesgo y empezar a dar clase en los primerísimos 90 más aún. Yo seguía deseando un saber desquiciante, esos libros y esos críticos amables que ensayan profundamente sobre el gusto que es una larga experiencia vital de cuerpo y conocimiento. Hoy me piden que no confunda niveles: la especialización y la burocracia ganan. No quieren autores, el imperio de la forma autónoma sobrevive en difusas jergas y vacío.

 Aquí, además, hay autores que nunca entraron y si entran, se leen muy raro… como a Murena. Pero me pregunto: si no se lee la pasión de Martínez Estrada, qué se lee?! Traer a Sollers, aún a Meschonnic y a Debord es motivo de sorna entre los colegas… Parece que ya fueron… Parece que nunca pasó por acá Ecce Homo, eso es subjetivismo, individualismo. Hay series verdaderamente insoportables para las facultades…

  A mí me gusta la literatura y tratar de transmitir esa pasión hablando y escribiendo; los rusos me volvieron más trágica de lo que ya era, más profunda e inoportuna de lo que ya era y por demás melancólica, escéptica y pesimista de lo que este lugar acepta. Acá todo es o debe ser “interesante”, categoría de pensamiento que no alcanzo a  entender.

 Yo en cambio sigo pensando que los poetas le pasan el trapo –como dice Zelarayán- a los pastiches críticos, a esas almas muertas –para citar a mis rusos- de algunos programas que tengo que dar.

 Casi todo lo que aprendí lo aprendí leyendo, acá y con amigos. Siempre hay que estar de ronda. Pezzoni decía de la crítica como autobiografía, Nicolás que la literatura era quizá el último chiste burgués. Ellos me llevaron a Carlos Correas y entonces supe que algunos de los mejores que trabajaron en estas aulas se matan o se mueren como Ayudantes de Primera con Dedicación Simple pero escriben relatos provincianos que quedan para siempre.

¿Salida laboral?: desde los 11 años escribo frases, leo con locura varios libros por semana, este cuatrimestre estoy a cargo de Eslavas o de Literatura Rusa, tuve suerte!

                                                                            Laura Estrin 

2

               Padre:

«Lamentablemente, tu conducta es un puro desorden, has estado merodeando por todos los campos del saber en busca de arcaicas y oscuras teorías filosóficas; una degeneración de toga y pelo revuelto ha venido a sustituir a una degeneración de jarras de cerveza»

                Amigo:

«Lee mucho. Trabaja con una intensidad extraordinaria. Posee un talento crítico que a veces degenera en simples juegos dialécticos, pero nunca termina nada: apenas iniciada una investigación, la interrumpe para sumergirse en un nuevo océano de libros… Su carácter suele ser excitable y violento, sobre todo cuando se encuentra agotado por el trabajo y ha pasado sin dormir tres y hasta cuatro noches seguidas»

                Mujer:

«Puedes creerme que difícilmente se habrá escrito un libro en circunstancias más duras; podría escribir una historia secreta que revelaría el cúmulo infinito de preocupaciones, problemas y angustias que lo han acompañado. Si los obreros tuvieran idea de los sacrificios que hubo que hacer para terminar esta obra, escrita únicamente para ellos y en su interés, quizá le prestaran un poco más de atención»

1

en la cotidianidad de la habitación
entra un rayo de luz
que marca la producción
de la poesía de la cotidianidad

y al sujeto que ví yo
ser atravesado por la luz
que no pudo penetrar
lo sensible de lo fundamental

esa luz
no fue producto de su razón
esa luz fue realizada por los medios de producción

detrás de todo gran poeta hay un burgués industrial